Mi antigua Family Video Game – Parte II

Es hora de seguir con la pequeña serie donde hablo sobre mi Family Video Game.

¿QUÉ tal, amigos? Al fin vuelvo a publicar algo nuevo, luego del estreno algo desabrido del nuevo sitio web 🙂 Como ya se dan cuenta, es la hora de la segunda parte de esta pequeña serie de artículos donde les cuento sobre mi vieja consola Computer Video Game SY-700, conocida en muchos lugares simplemente como “la Family”. La primera parte trató sobre la historia de la consola original y de cómo nos “reencontramos”, y en esta, la segunda, abordaré los recuerdos que tengo de mis tardes jugando con ella. ¡Adelante! 😀

Mis Family-recuerdos

Lamentablemente, por cosas de mi memoria frágil, tal vez no sea tan detallista en esta parte. Mucho menos podré confiar en que tengo los recuerdos ordenados cronológicamente en mi cabeza, por lo que probablemente haya algunos desajustes temporales en esta sección. De todas formas, si fuera así, no creo que se den cuenta, así que no debería preocuparme de eso, jajaja… 😛

“Tienes los minutos contados”

Como ya mencioné en la primera parte, en mi familia somos tres hermanos, y yo soy el de en medio (el más genial, claro). En fin, el asunto es que no éramos muy ordenados a la hora de jugar, y siempre uno quería acaparar más que los otros dos o elegir a qué se debía jugar, siendo que no muchas veces nos poníamos de acuerdo. Esto generaba muchas discusiones entre nosotros, lo que se traducía, obviamente, en retos y castigos, jejeje…

FamiclonAsí que para evitar eso, a mis padres se les ocurrió una idea bastante buena: limitar el tiempo de juego de cada uno para que así uno eligiera a qué quería jugar sin que los otros dos se metieran. ¡Genial! Al fin se acabaron las discusiones y las peleas. Pero… ¿de cuánto tiempo estamos hablando? Aunque no lo crean, en un principio eran cinco minutos por cada uno. Es decir, la consola se instalaba, y quince minutos después se guardaba. ¡Pero con eso nos bastaba! Eso es lo más increíble de todo, jajaja…

Pero, con el tiempo, las cosas fueron cambiando. Recuerdo que la progresión fue algo así: primero, cinco minutos. Luego, diez, pero al final siempre jugábamos un poco más, así que el tiempo se estiró hasta los doce minutos (¡genial!). Más tarde, fueron quinceveinte… Los treinta minutos los alcanzamos con la Creation, si mal no recuerdo.

Todo esto de seguro les suena muy raro, ya que hoy en día a ningún padre se le ocurriría dejar que su hijo juegue apenas cinco minutos al día, pero creo que fue una buena forma de enseñarnos a aprovechar bien el tiempo, a ordenarnos, a tener paciencia para esperar nuestro turno y a no enviciarnos con los juegos 🙂

El cartucho de regalo

Cierta tarde de algún día de algún invierno de algún año, mientras intentaba -con mucho sufrimiento- resolver unos ejercicios matemáticos que me habían dejado de tarea en la escuela, mi papá llegó del trabajo a la casa. Cuando me vio, me ayudó con ellos (la gran ventaja de que tu papá sea profesor de matemáticas), pero de todas formas seguía sufriendo, ya que nada me salía bien.

Fue entonces cuando mi papá me dijo: “Si terminas tu tarea pronto, te voy a mostrar lo que les traje de regalo“. Eso fue suficiente para que terminara la tarea inmediatamente me frustrara por completo y me bloqueara mentalmente por un buen rato al no poder saber inmediatamente de qué se trataba el regalo, pero luego de mucho trabajar mi mente, logré terminar mis tareas y entonces… entonces ocurrió lo más genial desde que me habían regalado la consola 😀

Se trataba de un cartucho de Family, el mismo que está en la foto de aquí al lado. Simplemente una placa; nada de caja plástica ni manuales ni nada: simplemente era una placa verde con unos círculos negros encima que quién sabe qué son. Pero bueno, la cosa es que instalé la consola, puse el cartucho y… ¡guau! ¡Eran muchos juegos! Me acuerdo que venían, entre otros, Super Mario Bros., Lode Runner, Popeye, Duck Hunt, Wild Gunman, Soccer y otros más que no puedo recordar. El cartucho es el que está puesto en la consola en la foto donde salgo con mis hermanos más arriba.

Como ya les conté, aún conservo este cartucho, pues no se lo vendí a mi amigo. Pero lamentablemente, unas conexiones en el circuito le fallaron y dejó de funcionar hace muchos años (seguramente, para cuando vendí la consola, ya no funcionaba). El esposo de una amiga -quien se maneja en esto de la electrónica, no como yo- lo revisó unos años atrás y lo reparó parcialmente. Se oye todo, pero no se ve nada, así que lo tengo todavía por el valor sentimental que tiene más que por otra cosa.

Mi primer encuentro con dos clásicos

The-legend-of-Kage-201404141331451En algún momento de aquellos años, fui con mi papá al centro de Concepción. No recuerdo exactamente para qué, pero suelo creer que fuimos a comprar una pistola para la consola, de manera de poder jugar Duck Hunt o Wild Gunman.

Mientras mi papá realizaba consultas al vendedor, yo me entretuve jugando con una consola que estaba ahí en un mostrador, con un cartucho muy distinto del que tenía en la casa. Probé dos juegos, que obviamente no conocía entonces. El primero fue The Legend of Kage, el cual me gustó mucho, pero a la vez me hizo reír, pues nunca había visto un juego donde el protagonista literalmente volara por los aires a puros saltos, jajaja. Otra cosa que me llamó la atención de este juego fue que uno comenzara avanzando hacia la izquierda, algo que realmente no es muy común.

B-Wings-201404141330457El segundo que probé fue B-Wings, el cual, aunque lo encontré medio pobre en cuanto a gráficos, me enganchó inmediatamente con el temón que sonaba de fondo. ¡Qué buena música tiene este juego! Y esa opción de elegir tu arma principal e ir cambiándola durante el juego me dejó boquiabierto. Igual me reí ese día, porque como no sabía de qué iba el juego, cuando vi las opciones de armas, pensé que estaba eligiendo equipos de música o algo por el estilo. No sé ustedes, pero para mí esas armas parecen minicomponentes.

Mi papá y El minero

El cartucho que mi papá nos regaló, del cual hablé hace un rato, traía un juego que, extrañamente, llamó la atención de mi papá: era Lode Runner. Sin embargo, como no sabíamos pronunciar el nombre original, él le puso El minero.


Cuando jugábamos los fines de semana, tal vez cuando ya se nos había acabado el tiempo de jugar a nosotros tres, él tomaba el control y pedía que le pusieran El minero para jugar un rato. ¿Qué tal le iba? Pues debo decir que bastante bien. Creo que pasó todos los niveles, aunque claro, no todos de una vez, sino aprovechando la opción que da el juego de comenzar en cualquier nivel que uno desee. Ya saben, en la pantalla que anuncia los niveles, presionamos Select, y con B o A podemos elegir el que queramos de entre los 50 disponibles.

Una vez que tomaba el control, no paraba de jugar en un buen rato, ya que de repente se le ponía un tanto complicada la cosa y debía repetir varias veces un nivel para poder pasarlo. Y así perdió varias vidas por mucho tiempo, hasta el día en que descubrió que presionando Select en medio del juego, se salía del nivel sin perder, y así podía elegir entre volver al mismo o irse a otro. Desde entonces, cada vez que El minero se veía en problemas, el botón Select venía en su ayuda, jajaja…

Pero luego de que vendí la consola, no volvió a jugar, ni siquiera luego de que comprara con mis hermanos la Creation unos años después. Creo que le vendría bien a mi papá retomar las aventuras de El minero; pienso que es un juego que lo hace a uno pensar bastante y a la vez relajarse.

Mi papá y su técnica para reparar transformadores

Una vez mi hermano Cristian, el mayor, llegó un una genial ocurrencia: según él, si al transformador de corriente le cambiábamos el switch de voltaje de 220v a 110v, podríamos ahorrar energía. Yo no tenía idea si era así o no, pero como mi hermano mayor me lo dijo, asumí que era cierto, así que lo cambiamos.

Luego de estar un rato jugando, comenzamos a sentir un olor muy fuerte a plástico quemado. Comenzamos a mirar para todos lados, tratando de averiguar qué se estaba quemando, ¡cuando de repente nos dimos cuenta que estaba saliendo humo del transformador de la consola! Apagamos todo de inmediato y llamamos a nuestro papá, asustados, pues pensábamos que la consola había muerto. Pero mi papá nos tranquilizó diciendo que la consola estaba intacta, que solo el transformador estaba dañado, y luego hizo algo bastante extraño: metió el transformador al refrigerador para que se enfriara.

Aún a día de hoy me parece curioso lo que hizo, pero lo cierto es que funcionó. Esa noche, luego de llevar un rato durmiendo, desperté con la música de Super Mario Bros. y con la voz de mi papá que alegaba no sé qué cosas. Así que de curioso me levanté y fui a la cocina, y ahí pillé a mi papá tratando de hacer que Mario saltara las plataformas del mundo 1-2, sin éxito. “Papá, ¡estás jugando al Mario!”, le dije, riendo. Él me miró con cara de niño sorprendido en plena travesura: “Ehh… no, solo estaba probando si funcionaba el transformador… y sí, funciona”, me dijo, mientras comenzaba a guardar todo, jajaja. Me quedé con ganas de ver hasta dónde llegaba. En una de esas lograba arribar hasta el castillo de “Kooba“, como él le decía, jajaja…

El Mundialito

Power-Soccer-11El último recuerdo que recuerdo, valga la redundancia, es sobre una idea que se nos ocurrió un día de verano a mi hermano Cristian, a mi primo Edgardo y a mí: hacer un mini Mundial de Fútbol, pero en la Family. El esquema de dicho campeonato fue un simple triangular, ya que solo éramos nosotros, y para ello nos valimos del juego Soccer, que venía en el cartucho del que ya hablé hace rato.

Cristian era Chile (pero como no está en el juego, tuvo que usar a Estados Unidos), Edgardo era Gran Bretaña y yo era Alemania. Los partidos estuvieron muy peleados, y aunque creo que debí ganar fácilmente, enredé puntos con Gran Bretaña y perdí frente a Chile, que salió campeón.

El Mundialito -que fue como lo llamamos- tuvo varias ediciones por muchos años. La primera fue en esta consola pirata, con Soccer. Luego fue en la Creation, con el Power Soccer (del que hablé hace un tiempo aquí), y las últimas las realizamos en PC, con el juego Actua Soccer 2. Aparte de la primera versión, todas las ganó Alemania 🙂

Y se me acabaron los recuerdos, jajaja… Bueno, no en serio, porque tengo varios más, pero son tan pequeños, que no vale la pena comentarlos aquí. De seguro ustedes también tienen varias anécdotas de infancia con sus consolas, ya sean piratas o no, así que estoy seguro que comprenden el dejo de nostalgia con el que escribí este artículo. Espero sus comentarios para que conversemos sobre esta consola tan particular como es la Family 😀 ¡Hasta la próxima! 🙂

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Vale

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5 Respuestas

  1. edwin dice:

    Excelente articulo! Tienes un Don para contar tus experiencias que quedan ansias de leer y leer!!! Te felicito !! Saludos a Tu Papá! (Co-Protagonista de este articulo) jejejje

  2. Edwin dice:

    Una de mis tantas experiencias de mi era Family era que por razones economicas no tenia muchos cartuchos de family, solo 66 en 1, 42 en 1 (Incorporados a la consola), Robocop 1 (Cartucho que era el gancho para poder intercambiar por prestamos con otros amigos). A raiz de esta escases, en mi localidad se abrio una tienda de alquiler de cartuchos, Mamá era comerciante para epoca y me iba con ella a trabajar los Sabados en la mañana y asi me ganaba lo del alquiler del cartucho, lo dejaban por 3 dias, eso si, apenas llegaba a la casa jugaba hasta las 10 de la noche, los domingos en al mañana era para hacer tareas y en la tarde le seguia jugandando, eso fue para 1991 promediadamente, tenia 13 años. Recuerdo que a Raiz de empezar alquilar cartuchos empece a comprar las Revistas Club Nintendo.

    • Andalbor dice:

      A mí me hubiera gustado vivir eso de arrendar juegos, pero para esa época yo no sabía nada de otras consolas ni tampoco sabía que se podía arrendar cartuchos xD Simplemente, jugaba con los que tenía 🙂

      Gracias por tu comentario. ¡Un abrazo desde Chile! 🙂

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