La consola
Abrir una consola de videojuegos puede resultar una idea un tanto intimidante. Uno pudiera imaginar que, al sacar esos tornillos que sujetan todo un mundo interno, saltarán piezas pequeñas por toda la habitación, haciendo que volver a armar todo sea una tarea titánica, casi imposible.
Sin embargo, gracias a la tecnología actual y a los esfuerzos de los fabricantes chinos por reducir costos, ya podemos erradicar de nuestra mente todos esos miedos. ¿Por qué? Esta foto es la respuesta:
Díganme, ¿qué podría saltar desde ahí dentro? ¡Si lo que más hay dentro de una Menix es aire! Sí, nuevamente nos encontramos con una tarjeta madre realmente pequeña, una NES metida en un chip. Y nuevamente vemos que nuestros amigos orientales ya no ponen un cartucho interno con juegos, sino que los graban en la mismísima placa. Al abrir esta consola, recordé inmediatamente la fallida extracción de memoria que le practiqué a mi FunStation.
Me hubiera gustado poder comparar la placa de mi NES con la de Menix, pero no lo hice porque me dio mucha flojera abrir mi Nintendo; no es tan fácil como con una consola piratona. Pero pueden estar seguros que la de NES es como diez veces más grande que la de Menix. Impactante.
La calidad del plástico con el que está hecha la consola es, a la vista y al tacto, bastante quebradizo. Y si no me creen, miren la foto de junto, que muestra a la pobre Menix amputada de su tapa. ¿Ven? Lo mejor era una clónica china… No quiero ni imaginar cómo estaría ahora una Wii…





