La hora del adiós
Cuando uno tiene doce o trece años, es muy difícil darse cuenta de lo estúpido que uno puede llegar a ser cuando tiene, efectivamente, doce o trece años. Es necesario que pase el tiempo para que uno pueda ver en su real magnitud las malas decisiones que uno toma a esa edad. Y a mí me pasó eso.
Cierto día fui con mis padres a una de las grandes tiendas de Concepción, y allí vi que tenían a la venta una NES con el Super Mario Bros. 3 (seguramente se trataba del Challenge Set) en $30.000 de esos años (unos USD 85 de la época, así al ojo). Fue entonces cuando se me ocurrió la pésima idea de vender mi Family Video Game para poder comprarme la NES. Dicho y hecho.
Se la vendí a Pablo, un amigo del colegio que vivía más o menos cerca de mi casa, por $10.000 (unos USD 28, siempre de la época). A mí me parecía un buen dinero, más que nada por la edad que yo tenía, porque en realidad no era tanto. En fin, ya solo me faltaban $20.000 para comprar mi preciada NES…
Nunca junté el dinero restante…
Nunca volví a ver mi Family Video Game…
Mi amigo se la cambió a un vecino por un Super Nintendo con el Donkey Kong Country, y ese vecino se cambió de casa… ¡Adiós, Family Game! Fue así como aprendí a valorar más los regalos, sobre todo cuando te hacen pasar gratos momentos con tus hermanos. Aprendí, también, a hacer mejores ventas, y a vender solo lo que se puede recuperar fácilmente más adelante, a no ser por motivos realmente urgentes, algo que, claramente, no sucedía en este caso. En fin…
Por lo menos, después de eso, mi amigo me invitaba a jugar Super Nintendo, jajaja…




