La consola

Se la compré a un compañero de universidad en circunstancias bastante insólitas. Resulta que estábamos en una sala de estudio resolviendo ejercicios de Estadística, pues se venían los certámenes del fin del primer semestre. Para ese entonces yo ya llevaba un buen tiempo con la idea de comprarme un Nintendo, pero en MercadoLibre estaban muy caros y en las tiendas de antigüedades solo vendían juegos.
Así que allí, en la sala de estudios, en medio de la resolución de ejercicios, lancé una pregunta al aire: «¿Alguien tiene juegos de Nintendo?». Solo un compañero, don Felipe Sánchez, me contestó con otra pregunta: «¿Esos cartuchos cuadrados?», con lo que se generó un diálogo más o menos así:
– Sí, esos cuadrados grises -le contesté.
– Ah, sí, tengo varios, como cinco. Y también tengo la consola -me dijo.
– ¿Y la vendes?
– Mmm… ya. Te la dejo en $20.000 con los cinco juegos (unos USD 40).
– No tengo $20.000, tengo $ 15.000 (más o menos USD 30).
– Ok, $15.000.[1]
Con eso, cerramos el trato y seguimos estudiando. Quedamos de acuerdo sobre el día y la hora en que él llevaría la consola a la universidad para concretar la compraventa. Los juegos los llevaría después, porque tenía que buscarlos. Dentro de mí, pensaba que estaba haciendo el negocio del siglo. Imagínense: una NES con cinco juegos en $15.000… ¡Regalada! Tan sólo los cinco juegos se venden normalmente por ese precio… Sin embargo, faltaba lo mejor.
El día en que se haría el intercambio, en el frontis de un edificio de la universidad, veo que mi compañero viene con una bolsa negra de basura en sus brazos. Al ir acercándose, me percato que dentro traía algo como una caja. No me preocupé mayormente por su contenido, pues según yo el Nintendo lo traía en su mochila.
– ¿Qué traes en esa bolsa? -le pregunté luego del saludo de rigor.
– El Nintendo, po, ¿qué más? -me contestó.
En ese momento saca de la bolsa su… es decir, mi NES guardada dentro de su caja original, en un estado increíblemente bueno. Yo, claro, abrí unos ojos tremendos al recordar cuál era el precio acordado por esa consola, pero, como todo buen negociante, cambié la mirada inmediatamente y no di muestras de mayor impresión ni exagerado interés.
Abrí la caja y al sacar el plumavit… ¡Plop! Le saqué un pedazo (ver imagen de junto). Creo que debí ser más cuidadoso, ¿no? En fin. Ahí pude comprobar el contenido del pack: la consola, dos controles, transformador de corriente y la mítica Zapper, todo original (no venía con la antena RF ni cable A/V, pero no me importó). Además de todo eso, venía con el manual de instrucciones en excelente estado y con el juego Super Mario Bros. / Duck Hunt, que encontró el día anterior y que venía también con su manual de instrucciones. Con eso, le pagué el dinero antes de que se arrepintiera y partí a mi casa.
El viaje en bus de vuelta a mi casa se hizo más largo de lo normal. No hallaba la hora de conectar por fin mi consola nueva al televisor de la sala de estar y jugar con ese único juego. Sí, ese juego lo había jugado durante años en varias consolas pirata, pero esta vez sería distinto: jugaría en una consola Nintendo de verdad. Bueno, es cierto, no fue tan distinto… de hecho, el juego se veía igual que en una consola pirata, pero era todo original y muy, muy retro 😁.
Nota 1 X
Lo peor es que ni siquiera tenía $15.000, sino solo $5.000, jajaja... Así que ese mismo día, al llegar a casa, me conseguí los 10 mil que faltaban con mi hermano menor, Francisco (qué pobre era yo en aquellos días, jajaja). Al tiempo después le pagué $2.500, con lo que cada uno posee el 50% de la consola y esos juegos.




